Hogar

Contaminación electromagnética, enemigo invisible en tu hogar

Cuando analizamos la salud de un hogar, a nivel Geoambiental, uno de los aspectos más importantes a estudiar es la contaminación por campos electromagnéticos.

Dentro de este concepto, englobamos los campos eléctricos y magnéticos de bajas frecuencias, generados por la electricidad, así como los campos electromagnéticos de altas frecuencias generados por las tecnologías inalámbricas.

Dada la extensión necesaria para abarcar todo ello, fraccionaremos en tres capítulos estos tres factores de riesgo, comenzando hoy, por los campos eléctricos alternos.

Todo conductor eléctrico sometido a una determinada tensión eléctrica alterna de 50 Hercios (50 ciclos por segundo), puede ser fuente generadora de campos eléctricos alternos de mayor o menor intensidad.

Tras este concepto, englobamos como principales fuentes de emisión las líneas de alta, media y baja tensión, las instalaciones eléctricas domésticas, las luminarias, así como numerosos electrodomésticos y demás aparatos eléctricos que necesiten para su funcionamiento, estar conectados a la red eléctrica.

Para los lectores que no estén familiarizados con conceptos básicos sobre electrotecnia, el siguiente símil les resolverá posibles dudas al respecto.

Imaginemos que tenemos una manguera en nuestro jardín, la cual hemos conectado a una toma de agua con su correspondiente llave de paso, que a su vez, permanece abierta. Dicha manguera, en su otro extremo dispone de un regulador de caudal, el cual permanece cerrado.

La manguera está sometida a una determinada presión hidráulica que en términos de electricidad equivaldría a la tensión eléctrica de un cable. La tensión eléctrica alterna es generada por la presencia de electrones alrededor de un cable conductor y/o un aparato eléctrico consumidor final. La fuga de electrones de dicho cuerpo genera un campo eléctrico.

Un campo eléctrico es la perturbación que un cuerpo produce en el espacio que le rodea. Para comprender esto retomemos de nuevo el símil de la manguera de agua.

Ahora imaginemos que el agua que está en su interior se encuentra a una elevada temperatura. Comprenderemos pues, que dicha manguera también se encuentra muy caliente, no podemos tocar el agua, pero sí podemos medir con un termómetro la radiación térmica que desprende la manguera en el espacio que le rodea.

Dicha radiación térmica en electricidad equivaldría al campo eléctrico generado por un cable sometido a una determinada tensión eléctrica.

Cuando las fuentes generadoras de campos eléctricos alternos son externas a nuestro hogar, por regla general la propia estructura de la vivienda derivará dichos campos eléctricos a tierra.

El problema estriba cuando las fuentes están dentro de nuestro hogar, hablamos de la instalación eléctrica doméstica, de las luminarias, de los electrodomésticos así como de cualquier otro aparato eléctrico conectado a la red, independientemente de que se encuentre o no en funcionamiento 

Lo cierto es que en nuestra vida cotidiana podemos estar expuestos a numerosos campos eléctricos alternos, a menudo fácilmente evitables.

De media es habitual medir entre 100 y 300 Voltios/metro en estancias tan vitales como los dormitorios. Recordemos que este espacio es nuestro taller nocturno de reparación celular, por ello debemos cuidar éste y otros muchos aspectos en dicha estancia, siendo recomendable no superar los 5 Voltios/ metro y considerando 50 Voltios/metro como nivel extremo desde el punto de vista biológico.

Comprendamos que nuestro cuerpo, en este caso nuestra cabeza, se encuentra muy cerca del cabezal, y tras él por el interior de la pared, pasan numerosos cables, que dan servicio a enchufes e interruptores situados junto a nuestras mesillas de noche.

Si tenemos en cuenta que este tipo de campos comenzamos a medirlos a distancias superiores a dos metros; que a menor distancia, mayor es su intensidad; que las partes metálicas de nuestra cama y/o colchón los atraen, y que el cuerpo humano se compone en un 70% de agua salina de extraordinaria conductividad eléctrica, podemos ser conscientes de la magnitud del problema. 

Durante el sueño profundo y reparador nuestro cerebro apenas oscila a frecuencias inferiores a 4 Hercios, es lo que conocemos como estado Delta.

Evidentemente, si estamos expuestos a campos eléctricos alternos de 50 Hercios, a semejantes intensidades, nuestro cerebro, difícilmente será capaz de lograr bajar a tan necesario estado de reposo, y esto puede tener una repercusión directa sobre nuestra regeneración celular, así como sobre nuestro sistema inmune.

Existen soluciones prácticas y sencillas

Lamentablemente, la mayor parte de la población, incluidos grupos vulnerables como niños, personas convalecientes y ancianos, duerme expuesta a intensos campos eléctricos alternos, fácilmente evitables por ejemplo con la sustitución del cableado convencional por un modelo apantallado.

Otra opción es la instalación de desconectores automáticos de fase activa, que cortan la tensión cuando no estamos consumiendo energía. En el caso de que los campos eléctricos provengan de la instalación eléctrica de nuestro vecino, la mejor opción será la aplicación de pintura apantallante sobre la pared afectada.

A su vez, también es importante desconectar las lamparillas de noche durante las horas de descanso ya que no suelen estar apantalladas. Para seguir hablando de campos eléctricos hemos de comprender la gran importancia que tiene la toma de tierra de nuestro hogar. La resistencia de la toma de tierra deberá ser inferior a 6 Ohmios.

Otro aspecto importante es el control de la humedad relativa en el interior de nuestro hogar, ya que si ésta es inferior al 45%, la disipación de los campos eléctricos a través de los materiales de construcción es mucho más lenta, considerándose niveles adecuados los comprendidos entre el 45 y el 60%.

Las plantas de interior así como las fuentes con agua en movimiento y/o los humidificadores, nos ayudarán a mantener unos niveles adecuado

¿Qué es la lipoatrofia semicircular?

La lipoatrofia semicircular es una patología emergente asociada a los campos eléctricos existentes sobre todo en mobiliario de oficinas.

La mala o nula derivación a tierra de los numerosos equipos eléctricos, los materiales metálicos y/o sintéticos de dicho mobiliario, así como una humedad relativa ambiental demasiado baja, provoca la pérdida de tejido adiposo subcutáneo en las partes del cuerpo que están en contacto con dicho mobiliario.

Esto mismo nos puede ocurrir en el escritorio de nuestro hogar, con lo cual, es importante tener este aspecto muy en cuenta.

Tan importante es reducir los campos eléctricos de nuestro hogar, como preocuparnos de qué tipo de calzado utilizamos.

Las suelas de goma nos aíslan de la tierra impidiendo que nos descarguemos de posibles campos eléctricos, siendo causa habitual de estrés y agotamiento.

Por ello, caminar descalzo sobre césped húmedo o sobre la playa nos hace sentir tan bien. Para nuestra vida cotidiana lo mejor es optar por calzado electroconductor con suela de cuero o cáñamo y también es válido el calzado con el logo ESD.

Jose Antonio Alonso

Técnico en Biohabitabilidad, especialista en Mediciones Electromagnéticas y Hogar saludable.

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